El eje andino cubre un área de 2.35 millones de kilómetros cuadrados (equivalente al 50% de la Comunidad Andina) en Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. Si bien el eje llega hasta Inquique, Chile en la zona sur, éste no incluye la cordillera andina en Chile, la cual forma parte del eje andino sur recientemente constituido. Las zonas del eje andino cuentan con una población de aproximadamente 92 millones de habitantes y una densidad de 38.15 habitantes por kilómetro cuadrado. Abarcan cerca de un 25% de la biodiversidad global, la cual surge a partir de la interacción de las costas marítimas con la cordillera andina y la selva amazónica del este. Las zonas del eje, además, constituyen fuentes de vivienda para numerosos pueblos tradicionales indígenas.
El eje andino actualmente contiene 74 proyectos IIRSA, divididos en 9 grupos de proyectos, así como 2 grupos que abarcan la totalidad del eje y que incluyen los sectores de energía y comunicaciones. Cuando IIRSA fue creada, se estimaba un costo total de $5.000 millones para los proyectos del eje. Los grupos de proyectos contienen una gran cantidad de transporte terrestre, aéreo, servicios de facilitación de cruces fronterizos y proyectos energéticos.
La economía del eje andino se centra en la agricultura y la elaboración de recursos naturales. Según documentos de IIRSA, los sectores del eje que presentan el mayor potencial en términos de desarrollo son la agricultura y la industria agraria, la labranza de animales, la selvicultura e industrias relacionadas, la pesca, el cuero y los zapatos, los metales, la producción de hierro y acero, la producción de químicos ligados al gas y a la elaboración de hidrocarburos, textiles y turismo. Se espera que la posibilidad de una mayor actividad en los sectores mineros y de hidrocarburos presente “opciones interesantes” para los inversores. Sin embargo, organizaciones de la sociedad civil de la región han expresado cierta preocupación acerca de la posibilidad de que una mayor inversión en esta zona pueda causar la erosión de la diversidad biológica y cultural de la región, así como un correspondiente deterioro de la calidad de vida en general.